Los testigos de la boda

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A la hora de organizar la ceremonia de tu boda, algo que deberás tener en cuenta es la elección de los testigos. La pareja de novios elige entre las personas más cercanas a aquellos que dejarán constancia de la unión mediante su firma, y, aunque parezca algo simbólico, en realidad es necesario según la legislación española. Y hay que saber distinguir entre dos tipos de testigos: los de expediente (uno por parte de la novia y otro por parte del novio, que son los que tienen una firma con validez legal) y los que firmarán en la ceremonia (tanto civil como religiosa).

Digamos que la función de los testigos es dar fe de que el enlace ha tenido lugar y que la pareja acude a su enlace de manera libre. Para tramitar el expediente de matrimonio en el registro civil es necesario que se presente un testigo por parte de cada contrayente. Algunos Ayuntamientos estipulan que no ha de ser un familiar directo, otros no, pero siempre ha de ser mayor de edad. No tienen porqué ser los mismos testigos de la ceremonia.

Una vez en la ceremonia, si nos encontramos en un acto civil, el Código dicta que “el matrimonio deberá celebrarse ante el Juez, Alcalde o funcionario correspondiente al domicilio de cualquiera de los contrayentes y dos testigos mayores de edad“. El Juez, Alcalde o funcionario ante quien se celebre el matrimonio extenderá, inmediatamente después de celebrado, la inscripción o el acta correspondiente con su firma y la de los contrayentes y testigos.

En una boda religiosa los testigos elegidos han de sentarse en los primeros bancos de la iglesia, normalmente los del novio en el lado y la izquierda los de la novia. Aquí el número de testigos será en función de lo que decida la pareja que se casa, a no ser que vuestra parroquia tenga unas normas estrictas sobre ello. Lo mejor es preguntarlo allí directamente.

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