Nuestras bodas favoritas: Esther y Samu

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Hoy os traemos una nueva boda real, la de Esther y Samu. Se conocieron de muy jóvenes, en el último año de instituto y desde entonces llevan juntos… ¿La pedida de mano? Romántica, muy romántica. “Fue unos días antes de mi 25º cumpleaños” nos cuenta Esther, “Samu me preparó un millón de sorpresas. Pasamos la tarde en un parque, me llevó a un hotel, nos arreglamos para una cena de lujo con pianista incluido… Después del postre me pidió que cerrara los ojos y, al abrirlos, ahí estaba mi anillo. Increíble, romántico, perfecto…”.

“Teníamos claro que queríamos que nuestra boda fuera el 11 de agosto de 2012 (siendo el mismo día de aniversario de mis padres), pero tuvimos que cambiar la fecha al 18 del mismo mes, y ahí empezó la carrera de fondo que fueron los preparativos” recuerda Esther. “Queríamos una ceremonia civil, y, después de darle muchas vueltas, decidimos que sería en una pequeña finca, propiedad de mi familia, en Cuerva (Toledo). Toda la familia y amigos se involucraron cien por cien, porque lo que queríamos conllevaba muchísimo trabajo, pero al final mereció muchísimo la pena, porque fue todo perfecto”.

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Esther llegó al lugar de celebración montada en calesa con su padre, y le secundaban un séquito de damas de honor vestidas de rojo. La ceremonia en si fue muy emotiva, “más que dar prioridad a cualquier tipo de guión, dejamos que intervinieran nuestros seres queridos. Incluso nosotros mismo dijimos algunas palabras, con un nudo en la garganta ¡eso sí!” Y fue todo un acierto.

La cena tuvo lugar en un lugar de confianza con un menú excepcional: ensalada de perdiz, secreto ibérico y mero a la piña. “Después del baile, además, tuvimos diferentes dulces y brochetas de fruta, que, después del intenso calor del día, agradecimos muchísimo”.

“Nuestro primer baile fue un tanto atípico, ya que fue un remix de Grease, Michael Jackson y la canción “Loco por tenis”… Lo importante es que nos lo pasamos genial en todo momento. Fue una fiesta memorable”, recuerda la novia.

“Me encargué personalmente de todos los detalles de decoración, los regalos para invitados, todo… Si volviera a pasar por ese día, creo que delegaría en un profesional” cuenta Esther. “El día de antes de mi boda, acabé de montar todo a la una de la mañana, y es un cansancio extra que no te beneficia nada. Después de todos los “dramas” que pudimos vivir en la organización y todo el esfuerzo… fue cuando decidí crear “De blanco y volantes”, y adentrarme yo misma en el mundo de la organización de boda…”.

Además, los novios se preocuparon de los detalles con sus seres queridos, “a las damas les regalé un ramo de flores, a los padrinos la corbata roja, a mi hermana una medalla que llevé en mi ramo, a los abuelos una flor liofilizada que aún conservan intacta, a los padres un pergamino dándoles las gracias, a dos parejas de amigos una figurita de novios y a un primo una tarta, ya que ese mismo día era su cumpleaños.” ¡No faltaron sorpresas para nadie!

El vestido de Esther

Cualquier novia sueña con el momento de encontrar su vestido perfecto para el día B. Esther había visto el vestido de sus sueños 9 meses antes de la boda, y después de buscar en algunas tiendas más… decidió quedarse con aquel modelo que le había enamorado. A mes y medio de la boda, su vestido aún no estaba en la tienda. A pesar de los intentos de la dueña de calmarla, Esther empezó a temerse lo peor… Y así fue. Descubrió 15 días antes de su boda que su vestido nunca llegaría, ya que hacía meses que el taller de la diseñadora elegida no servía modelos a aquella tienda.

Imaginaos el drama. Dos semanas antes de tu gran día… y sin vestido. La peor pesadilla de cualquier novia. “Después de comer, y sin saber muy bien qué hacer, porque a ver donde encontraba un vestido 15 antes de mi boda, decidimos ir a Pronovias. Me probé tres vestidos diferentes, porque tendría que apañarme con lo que tenían en la tienda (más o menos mi talla era la misma que la de los maniquíes, así que habría que hacer pocos arreglos, no había tiempo para hacérmelo a medida), y no podía parar de llorar. De rabia, de nervios, de enfado… Al final, la dependienta trajo un cuarto vestido. Ya en sus brazos me gustaba, y al probármelo, sentí todo el alivio del mundo. Había encontrado MI vestido, y me veía genial con él”.

Esther llevó además, una mantilla (que tras la ceremonia cambió por una preciosa flor en el pelo) y unos zapatos maravillosos de color rojo.

Para Samu la cosa no fue tan complicada (menos mal). “Había visto un traje de Hugo Boss que le encantaba, y ése fue el elegido. Yo misma le acompañé a probárselo, porque él se sentía más agusto conmigo… ¡y yo no “me fiaba” del todo!” cuenta riéndose Esther.

La verdad es que todas las imágenes, de EmotionLux, nos han parecido maravillosas. Os dejamos una muestra para que podáis disfrutar de todos los detalles de la boda de Esther y Samu…

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